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sábado, 19 de abril de 2014

Buena suerte, amigo.

Cierto es que el tiempo cura las heridas, pero también es cierto que las cicatrices son imborrables. Puedo decir que ahora estoy mejor que nunca. Las heridas cicatrizaron hace tiempo, y con las marcas ya aprendí a convivir, a fin de cuentas van a ser mis fieles compañeras durante el resto de mi vida, ¿no? Vuelvo a afirmarlo: estoy mejor que nunca. Eso es así. Pero también es cierto, que aunque el tiempo pase, a veces me pregunto que hubiera pasado si todo hubiera sido diferente. ¿Qué hubiera pasado si aquellas personas a las que tanto apreciaba no hubieran decidido marcharse? ¿Cómo sería ese abrazo que hace años que esperé dar a aquella persona que nunca me atreví? ¿Cuál sería el tema de conversación con aquel amigo a quien hace años que dejé de ver y ahora volví a encontrar? ¿Sería capaz de perdonar aquello que durante tanto tiempo me mortificó? No sé, es extraño, pero cuando el dolor se supera, cuando todo lo que un dia escoció ya no pica, reflexionas, y piensas en lo mucho que te gustaría volver a tener una conversación que hace años quedó callada, darle el más fuerte de los abrazos a esa persona que durante tanto tiempo echaste de menos, perdonar aquello que un día te dolió. El tiempo pasa, y las personas cambian. Maduramos, quizás. Pero el recuerdo de esas personas sigue ahí. El lugar que se ganaron nunca podrá ocuparlo nadie. Digamos que soy una persona fiel a mis palabras, y en muchas casos prometí un “Siempre estaré ahí” y lo haré, puede que no de cuerpo presente, pero siempre estaré ahí. Y puede que algún día volvamos a encontrarnos, a fin de cuentas la vida da muchas vueltas, y si ese día llega, prometo que lo estaré esperando con los brazos abiertos. Hasta entonces, buena suerte, amigo.