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sábado, 26 de octubre de 2013

Despertar...

Y no se volvió a despertar sola nunca más. Desde aquel momento él estuvo allí cada mañana, acompañándola en la distancia. Se sentía viva, y es que nunca se había sentido tan bien, jamás había conocido aquella sensación. Lo que había encontrado en aquella historia era algo más que una simple compañía. Eran despertares en los que el malhumor se tornaba en forma de miles de sonrisas, palabras bonitas suspendidas en el aire, gestos llenos de cariño, y aquella canción como tono de llamada que cada mañana le recordaba el motivo de su sonrisa. Si algo tenía claro era que desde que él apareció no se había vuelto a sentir sola. Ni un ápice de aquella sonrisa triste que un día tuvo quedaba ya tras su rostro. Ahora era feliz. Ahora él estaba allí, y todo lo demás no importaba. Ahora quería despertar... por él. Sólo por él.


1 comentario:

  1. Qué bella reflexión ha logrado que me identifique con ella, me recordó a ciertas personas que han sido positivas para mi vida. Buena selección.

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