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miércoles, 23 de mayo de 2012

Duro, quizás demasiado.


A veces las cosas terminan. Y lo duro no llega cuando algo se termina… no. En ese momento te haces la fuerte, te haces creer que eres feliz, que por mucho que eches de menos a esa persona tu vida sigue, te juras y te perjuras que tú no vas a llorar… pero todo es en vano.
A medida que van pasando los minutos te das cuenta de que no. De que si que la echas de menos, y que vas a derramar ríos de lágrimas por ella. ¿Qué harás ahora? ¿Quién estará ahí para apoyarte en tus días tristes? ¿Quién te dará un abrazo o un beso cuando más lo necesites? ¿Con quien compartirás tus logros y victorias? ¿Quién te devolverá la sonrisa? Un sinfín de preguntas con “que” y “quien”… y a cual de ellas más dolorosa. Preguntas sin respuestas Preguntas cargadas de angustia y dolor. Sin embargo, todavía hay algo que duele mucho más que esas preguntas. Aunque parezca casi imposible lo hay. En ese preciso instante en el que te pares a pensar si esa persona habrá encontrado a alguien  mejor,  o si te echa de menos… justo entonces… tu corazón habrá quedado hecho añicos, y tú con él. 

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